Tal vez todo esto sea como un
gran viaje. Un gran recorrido que hacemos durante toda nuestra vida cruzando
calles y océanos, países o simplemente líneas. Líneas que separan el bien del
mal, el aquí del allí, lo mío de lo tuyo.
Dentro de este gran viaje hay lo
que podríamos llamar “las excursiones”. Estos son lo que los mortales comúnmente
llamamos viajes. Esos días que pasamos fuera de casa buscando algo o
simplemente buscándonos a nosotros mismos. Donde compartimos momentos,
experiencias, risas, llantos, enfados, sonrisas, miradas. Donde conocemos
gente, amores, lugares y costumbres; donde podemos cambiar, donde poder empezar
de cero, no tener historia, no tener nombre.
Realmente eso es lo bonito de
esto. La capacidad de enriquecer nuestra vida con esas vivencias, con esas
personas que, sin lugar a duda, cambiaran tu forma de mirar, tu forma de ver, tu
forma de pensar; que influirán en lo que eres y en lo que serás, que te harán
un hombre nuevo y mejor, o al menos diferente al que eras antes, aunque solo, sea
por un instante en la vida