viernes, 22 de febrero de 2013

Desordenada habitación

        Como suelo hacer, me dejo caer en la misma cama, con el mismo estado de embriaguez, y me pongo a pensar sobre que escribir. Cojo la vieja carpeta llena de recortes para apoyarme y , con un esfuerzo sobrehumano, trato de concentrarme y escribir acerca de mis pensamientos y sentimientos.
        Ayer, para mí , esto no era posible. No encontraba las palabras adecuadas para describir ese momento así que, tras intentarlo durante un buen rato, desistí.
        Hoy, decidí escuchar discos de antes. Entre aquellas viejas canciones ya olvidadas muchas de ellas, encontré las palabras indicadas que no había sido capaz de plasmar el día anterior:


                                                           Son tu calor, hacerte el amor

                                                                Mis miedos y pasión
Tanto soñar, con esa flor mezcla de sol y temporal
El doble filo de un amor real, actores sin guión
Un mundo teatral, función sin hora de empezar
Deja el frío y entra en calor, y lo oscuro deje paso al color
No me canso nunca de hablar, porque vivo en el silencio mas total

miércoles, 13 de febrero de 2013

Sigo soñando despierto





Son ya muchas las noches que he soñado contigo. Muchas las tardes que imaginé que pasaba contigo. Las cenas, los paseos, las copas. Los atardeceres en la playa que no viviré ya.

El tiempo pasa y con ella las oportunidades, pero también, las penas. Las penas que hoy me atormentan, que me despiertan por la noche. La impotencia de saber lo mucho perdido y lo nada ganado. La idiotez de querer soñar despierto estando tú durmiendo. La vergüenza de sentirte fracasado en tu guerra de paz. La desesperación por remar tanto y morir en la orilla de la felicidad. La confusión por no saber qué hacer ahora. El vacío por tantas horas llenas de pensamientos ilusos e inútiles que, ahora ya, no soy capaz de llenar con otra.

Ese vacío al fin he conseguido llenarlo años después , es más, ahora mismo lo estoy haciendo. Aquí estoy sentado en el viejo bar de la esquina. El bar al que nunca te llevé. Le pido al barman el último de mis gin-tonics. Creo que ahora es ya el momento  de que me empiece a beber todos los tuyos que, con el tiempo, he dejado a mi lado en esta fría barra. Sigo soñando despierto.

lunes, 11 de febrero de 2013

Tabaco, mujer, tú.


Te quería por una noche.
Porque fuiste la musa de un momento.
La chica rebelde que partió
De una ciudad, de un tormento.
Por pasiones livianas, por azares qué se yo
Compartí  cigarrillos contigo,
Los que nunca se acaban, los que son eternos
Como caballos en una carrera de galgos,
Yo quise amanecer a tu lado.
Fumé y fumé, porque tú me lo pedías
Yo quería recostarme en mis brazos,
Levantarme en tus pechos.
Sin un silencio, aunque no lo quieras
Por un momento lleno de cenizas
Por una eternidad que es sólo un capricho
El que yo tengo, el que tú tienes.
Mi ginebra, tu bebida.
En mi corazón bohemio, en tu vida de niña
Yo te anhelé como un regalo, como una circunstancia
Que no ocurre, que si desespsera.
Mi cigarro fue el tuyo, mi humo tu jazmín
Tu mirada de deseo, mi semblante de bombín
Algún día quise ser el dueño de tu risa
Controlar tus diabluras, sentarme en tu lecho
Y fumar, y beber, como el ocaso que llega
Como el lamento de un ciego
Como el suspiro de un necio.

Así quiero ser para ti.
Un necio entregado a la mala vida
Que te espera, que te llora
Que te busca por las calles
Imbécil y mezquino, lastimero y ruin
La verdad sea dicha, soy un reproche del destino
Un  preciso capaz de enamorar
A la chica que aparece pero que no se queda
A la que se va porque la dejo marchar
Como la salida del  metro que te indica quizá
Así te esperé niña, y así te quise
Por un momento, por una noche
Te acompañé con tabaco, alcohol y besos.
Como un perro sentado en la calle
Esperando que aparezcas de la chistera de Tamaríz

Y como no lo haces, me vuelvo a casa
Derrotado y aplastado por las legiones de lo que pasa
Como las lunas rotas de un coche azul
Te espero y lamento borracho, con una copa en la mano
Que te fueses sin fumarte conmigo el último paquete.

domingo, 10 de febrero de 2013

Tarde de domingo rara


   
    
Son buenos momentos para pensar esas frías tardes de domingo. Esas tardes en las que la lluvia golpea con fuerza contra el cristal de tu ventana, en la que los árboles se tambalean como si tuvieran vida propia y en las que la gente se refugia en sus casas con un café caliente en la mano, sofá y manta. Pero estas tardes de domingo no son solo eso. Son tardes de cruces, de intersecciones, de sentimientos y vivencias que, a lo largo de la semana, no eres capaz de hilvanar, de cruzar, de observarlos todos como un todo, un conjunto. Es por ello que el domingo es el día de hacer balance, de ver qué si y qué no, de valorarte, de valorar a los demás, de sentirte bien o de sentir como un escalofrío mezcla de fracaso y derrota, con una pizca de desolación, recorre todo tu cuerpo. El resultado es un día frío, donde las nubes lloran y los fríos cristales aún no están del todo mojados.

viernes, 8 de febrero de 2013

Aladín


Santiago, Santi. Así se llamaba el amigo con el que hable de esta pequeña reflexión, o quizá este pequeño sueño: la posibilidad de tener dos vidas. Era una tarde fría de febrero. Tras los cristales llovía sobre los chopos ya deshojados. Nosotros, acompañados de un café caliente charlábamos afablemente al calor de la chimenea ya encendida de mi casa de la montaña. Esa casa a la que suelo retirarme cuando busco que hacer con mi vida, una reflexión que me lleve a escribir o quizás a cambiar el rumbo de mi vida. En esta ocasión recibí la visita de este viejo amigo y debate tras debate llegamos a ese sueño inalcanzable. ¿Si pudiéramos tener dos vidas?
Piénsenlo bien. Dos vidas. Principalmente y en mi humilde opinión, dedicaría una a ser feliz, a disfrutar y vivir intensamente y la otra, la más común teniendo una sola, ser lo que tengo que ser: un hombre hecho y derecho. Entiéndame, no quiero decir que tendría una vida para ser un cabrón y un gañán, pero si para ser libre. Una libertad plena. Si ataduras de obligaciones, de estudios, de familia, de trabajo. Nada. Sólo yo y mi vieja mochila de cuero marrón; bueno y , quizá una vieja libreta para apuntar todo lo sucedido.
Creo que en esta vida que tenemos no somos libres. Hay una canción que lo deja muy claro: “Tan solo seremos libres cuando no haya más que perder”. Las preocupaciones, las obligaciones, nublan  nuestros momentos felices. Pongamos por ejemplo a mí me hace feliz viajar pero ¿ y mi trabajo? ¿ y mis estudios?, ¿la familia?. Ser un buen hombre , o al menos intentar serlo lleva consigo un orgullo por sentirte como tal pero también, esto es lo menos grato, ciertos remordimientos por sueños no cumplidos, por historias no contadas ni vividas y , para eso, simplemente para eso, yo quiero otra vida.
¿Qué haría? Creo que viajar. Primero en barco, surcaría los mares teniendo un amor en cada puerto como los antiguos piratas y corsarios. Haría del mar una patria. Después tal vez suba el Himalaya o tal vez alguna montaña. Siempre me ha encantado el alpinismo pero ¿ se lo imaginan? Yo de alpinista. Mis padres se mueren, es lo que tiene. También recorrería el Amazonas con alguna expedición, comería bichos y dormiría en una casa en un árbol. Después bajaría hacia Tierra de Fuego en una vieja avioneta del ejército soviético con un hombre de la zona como piloto, ya saben, que cosas ¿qué pinta un avión soviético en Sudamérica? Tal vez eso sea lo bonito. Creo que después viajaría al país de los zares y el comunismo para recorrer en tren todo Siberia. Siempre me ha llamado mucho Rusia la verdad. ¿ Y qué más? Pues no lo sé sinceramente, ¿ me enamoraría? Creo que sí. De muchas mujeres, pero cada una diferente, cada una a mí manera, cada una de una forma especial. Pero el amor de mi vida sería esa vida de más que le pedí al genio de la lámpara, a los Reyes Magos y al mago Merlín que, habitualmente leen este blog.