domingo, 10 de febrero de 2013

Tarde de domingo rara


   
    
Son buenos momentos para pensar esas frías tardes de domingo. Esas tardes en las que la lluvia golpea con fuerza contra el cristal de tu ventana, en la que los árboles se tambalean como si tuvieran vida propia y en las que la gente se refugia en sus casas con un café caliente en la mano, sofá y manta. Pero estas tardes de domingo no son solo eso. Son tardes de cruces, de intersecciones, de sentimientos y vivencias que, a lo largo de la semana, no eres capaz de hilvanar, de cruzar, de observarlos todos como un todo, un conjunto. Es por ello que el domingo es el día de hacer balance, de ver qué si y qué no, de valorarte, de valorar a los demás, de sentirte bien o de sentir como un escalofrío mezcla de fracaso y derrota, con una pizca de desolación, recorre todo tu cuerpo. El resultado es un día frío, donde las nubes lloran y los fríos cristales aún no están del todo mojados.

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