Lo más difícil de todo siempre es empezar. Tomar una decisión que va a suponer un cambio en tu corta vida. Si la razonas y piensas porque lo haces y , si no lo haces, ¿por qué no lo hiciste?. Siempre que tomamos una decisión importante dudamos. Nos martirizamos antes y después sobre si es lo correcto o no, si acertamos o erramos, si lo hicimos por ser cobardes o por dejar de serlo. Esto es a lo que se le podría llamar miedo.
Es esa soga al cuello, esas esposas, ese yunque posado en tu espalda. Aquello que nos ata, que nos impide ser libres, que hace que actuemos más por razón y menos por sentimiento. Eso que hace que no empecemos las cosas, los proyectos, o lo hagamos mal, lo que nos hace equivocarnos, lo que nos impide vivir a gusto con nosotros mismos sin tener que discutir con la almohada. El miedo al que dirán , a equivocarnos, a hacer el ridículo, al amor. Y así es, el impedimento, la barrera, la última montaña hacia la felicidad.
viernes, 16 de noviembre de 2012
viernes, 9 de noviembre de 2012
¿Dónde está lo normal?¿ dónde lo correcto?¿y el error?. El error es lo que
marca el resto. Lo normal es relativo: para unos una cosa, para otros otra y
para otros es algo que ni existe, que no forma parte de sus vidas.
Lo correcto. Este y el error se contraponen pero, ¿lo que no es error es
acierto?. Siempre buscamos acertar, intentar hacer lo que tenemos que hacer,
ser justos y buenos con los demás y con nosotros mismos. He aquí lo difícil de
nuestra historia. No caer en lo fácil, no cagarla como se dice comúnmente.
Saber lo que tenemos que hacer en cada momento, en cada problema, en cada duda,
en cada situación y, además, hacerlo.
Y tras todas estas ideas, tras toda
esta paja estamos nosotros. Nosotros que buscábamos la normalidad y encontramos
la originalidad, por decirlo de forma refinada. Nosotros que intentamos hacer
lo correcto, cada uno en su papel, cada uno en su lugar, con sus problemas y
sentimientos, con todo. Y luego, como siempre el error. Por momentos creímos
haber huido de él. En muchas tardes nos dijimos a nosotros mismos “ estos es lo
mejor”, “ no hubiera funcionado”, pero la larga y oscura sombra de haberme
equivocado seguía ahí. La duda es si , ahora, después de todo, esa sombra sigue
ahí. Y si gracias a eso encontraríamos lo normal y correcto.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

