martes, 26 de marzo de 2013

Sueño de un sueño



Tú, mujer de ayer, sólo de ayer. De esa noche loca, de una noche embarrada. Apareciste por sorpresa como las cosas buenas. Fugaz como una estrella mágica a la que no pedí mi deseo. El deseo de mantener ese momento, de meterlo en una fuerte pompa de jabón para poder verte, para poder mirarte día tras día.

Bebimos, reímos y bailamos en lugares olvidados, en lugares que no llego a recordar. Secamos el mar e incendiamos el bosque sin hacer ruido, si que se notase, sin que nadie se diera cuenta. Inventamos mareas, tripulábamos barcos y cruzamos el estrecho del bien y del mal.

Te fuiste sin despedirte, sin decir adiós, sin que me enterase, sin que te dieras cuenta. Cuando tú te ibas daba vértigo mi vida, daba miedo la oscuridad, enfriaba la noche.

Y así terminó como un cuento, breve, intenso pero escaso. El sol empieza a asomar ya entre los edificios del barrio viejo, la oscuridad ha desaparecido. El sol brilla y calienta mi espalda mientras me retiro hacia otros lugares hasta que vuelva a apagarse. Tal vez esta noche vuelva a soñar y te vaya a buscar de nuevo.

lunes, 25 de marzo de 2013

Café tostado

Tal vez sea el momento de parar. Fijar los pies en el frío cemento de la acera y mirar. Mirar a mi alrededor, fijarme  en cada mínimo detalle: las casas, los pájaros, la gente, las caras de tristeza, de alegría, las sonrisas tontas, los ojos, las miradas, las palabras mudas. Todas esas cosas que hasta que no nos paramos no vemos, no somos capaces de valorarlas entre todo. La velocidad nos ciega, nos venda los ojos.

Después deberíamos hacer eso hacia adentro. Saquemos el corazón y hagámoslo girar. Girar para ver cada recoveco  cada momento, cada pena, cada sentimiento triste o alegre.

Ya es tarde, la noche avanza y yo fijo, sentado en este frío banco lo hago todo girar como una vieja peonza de la infancia: rápida, vertical pero débil. El frío aprieta, retuerce mi cuerpo desde los pies hasta la cabeza, como el vibrar de esa vieja cuerda de guitarra. Te veo a ti, a ella, a ellos, pero no estáis aquí, sino ahí, girando, como recuerdos que solo son eso, recuerdos, pasado. Decido actuar, tratar de cambiar, de ser más feliz pero, a las tres de la mañana en tu contestador, no paso por un caballero. Entonces decido recoger, guardar el corazón y cerrar el pecho, irme a mi cama y tratar de dormir y de olvidar. Tal vez tenga café en la mirada y por eso me quita el sueño.

martes, 12 de marzo de 2013


Te vi salir cuando yo entraba al jardín de los imposibles.
Estabas allí, pero tu mente volaba a miles de kilómetros de mi.
La orquesta tocaba Moon River y el viento dejó de mentir.
Creo recordar que entonces dijiste: algo me aleja de ti. Algo me aleja de ti.
Te vi mezclar a partes iguales las comas y los puntos y a parte.
Te vi lanzar monedas al aire sin saber la dirección que tomar.
Pusiste en el crucigrama la P de poema y puñal.
Al acabar dijiste en voz baja: algo me aleja de ti.
Algo me aleja de ti.
La orquesta tocaba Moon River y el viento dejó de mentir.
Creo recordar que entonces dijiste: algo me aleja de ti.
Algo me aleja de ti. 

viernes, 8 de marzo de 2013

Suficientemente cerca, demasiado lejos

     


     Son tristes, muy tristes  las discusiones, los llantos, las peleas, la dura realidad lanzada a la cara como si de un patito de goma se tratara, pero, sobre todo, el silencio. Este silencio que ahora nos separa, que nos hace estar suficientemente cerca  pero demasiado lejos a la vez. 
     Toda mi vida me he considerado un tipo rarillo, peculiar quizás, y tal vez en este tema lo sea aún más pero, no quiero un silencio. Prefiero insultos, gritos y mil penurias antes que el silencio.  Un silencio no dice nada, es cierto, pero para mí lo dice todo. Dice que ni siquiera merece la pena intentarlo, ni esforzarse, y con todo ello, todo lo que me gritarías si hablaras, si tuvieras voz.
    En esto es en lo que pienso en las largas noches, en los eternos días, en las kilométricas horas. Mientras tanto bebo. Un día me dijiste que bebías para olvidar, que tenías muchos problemas. Yo, hoy, sólo te diré que parece que bebo para recordarte, para castigarme y lamentarme aún más. Tal vez sea hora de volver a rellenar el vaso

lunes, 4 de marzo de 2013

1973

     Sentado en la vieja mecedora de mimbre me he puesto a recordar. Entre todos eso pensamientos, esas vivencias y esos sentimientos ya olvidados, has surgido tú.
     Recuerdo la última vez que nos encontramos, que nos juntamos, entre las indiscretas miradas de las amarillas farolas de la calle real. Tengo esa imagen grabada con total nitidez a pesar de los años y de lo emborronado de aquella fría noche de enero.
     Además, también guardo en un recuerdo de mi mente las miradas, los besos furtivos, los lunes al sol, los desayunos al mediodía, las películas dormidas, los planes ideados, los problemas arropados al calor de las raídas sábanas, la lluvia.
     Hoy, cuando no soy más que un anciano, aún te recuerdo, aún me lo cuestiono todo una y otra vez. A pesar de todo, no sé donde encontrarte, tal vez, ni siquiera existas. Lo único que hago en esta tarde es repetirme una y otra vez aquello que te dije: " Te quiero, pequeña de las dudas infinitas". Al momento, lloraste y te fuiste. Así hasta hoy

     Fdo. El novio del olvido