Sentado en la vieja mecedora de mimbre me he puesto a recordar. Entre todos eso pensamientos, esas vivencias y esos sentimientos ya olvidados, has surgido tú.
Recuerdo la última vez que nos encontramos, que nos juntamos, entre las indiscretas miradas de las amarillas farolas de la calle real. Tengo esa imagen grabada con total nitidez a pesar de los años y de lo emborronado de aquella fría noche de enero.
Además, también guardo en un recuerdo de mi mente las miradas, los besos furtivos, los lunes al sol, los desayunos al mediodía, las películas dormidas, los planes ideados, los problemas arropados al calor de las raídas sábanas, la lluvia.
Hoy, cuando no soy más que un anciano, aún te recuerdo, aún me lo cuestiono todo una y otra vez. A pesar de todo, no sé donde encontrarte, tal vez, ni siquiera existas. Lo único que hago en esta tarde es repetirme una y otra vez aquello que te dije: " Te quiero, pequeña de las dudas infinitas". Al momento, lloraste y te fuiste. Así hasta hoy
Fdo. El novio del olvido
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