Dijo una vez un poeta que en los momentos
felices uno no perdía tiempo en escribir, gastaba todo su tiempo en disfrutar
de esa felicidad momentánea, temporal, que se esfuma cuando menos te lo esperas
y es verdad. Cuando somos felices solo disfrutamos, solo soñamos, solo volamos,
volamos juntos.
Ahora que las semanas han pasado, que el mundo
y el tiempo vuelven a detenerse en esta fría habitación donde ya nunca pasa
nada, donde las horas se hacen largas y aburridas, donde nadie ríe, donde nadie
grita, donde nadie babea como un tonto; no puedo evitar ponerme nostálgico y
pensar en escribir. Escribiré cosas tristes porque no estoy contento, no me
siento lleno, me falta una costilla, algo me falta. Pero, a pesar de todo,
fuerzo una sonrisa sabiendo que mi ambición superaba con mucho mi talento, que
he estado mucho tiempo sin sentarme aquí a escribir tonterías sobre amores
perdidos, oportunidades esfumadas o sueños rotos y esa es la mejor sensación de
la vida. Esa sensación que te debo a ti, solamente a ti y por encima de todo a
ti.
Ya empieza a amanecer en esta fría ciudad, ya
las primeras luces del alba entran por las rendijas de mi persiana, ya se
apagan las farolas y hace tiempo que quisiera estar contigo.
