viernes, 8 de febrero de 2013

Aladín


Santiago, Santi. Así se llamaba el amigo con el que hable de esta pequeña reflexión, o quizá este pequeño sueño: la posibilidad de tener dos vidas. Era una tarde fría de febrero. Tras los cristales llovía sobre los chopos ya deshojados. Nosotros, acompañados de un café caliente charlábamos afablemente al calor de la chimenea ya encendida de mi casa de la montaña. Esa casa a la que suelo retirarme cuando busco que hacer con mi vida, una reflexión que me lleve a escribir o quizás a cambiar el rumbo de mi vida. En esta ocasión recibí la visita de este viejo amigo y debate tras debate llegamos a ese sueño inalcanzable. ¿Si pudiéramos tener dos vidas?
Piénsenlo bien. Dos vidas. Principalmente y en mi humilde opinión, dedicaría una a ser feliz, a disfrutar y vivir intensamente y la otra, la más común teniendo una sola, ser lo que tengo que ser: un hombre hecho y derecho. Entiéndame, no quiero decir que tendría una vida para ser un cabrón y un gañán, pero si para ser libre. Una libertad plena. Si ataduras de obligaciones, de estudios, de familia, de trabajo. Nada. Sólo yo y mi vieja mochila de cuero marrón; bueno y , quizá una vieja libreta para apuntar todo lo sucedido.
Creo que en esta vida que tenemos no somos libres. Hay una canción que lo deja muy claro: “Tan solo seremos libres cuando no haya más que perder”. Las preocupaciones, las obligaciones, nublan  nuestros momentos felices. Pongamos por ejemplo a mí me hace feliz viajar pero ¿ y mi trabajo? ¿ y mis estudios?, ¿la familia?. Ser un buen hombre , o al menos intentar serlo lleva consigo un orgullo por sentirte como tal pero también, esto es lo menos grato, ciertos remordimientos por sueños no cumplidos, por historias no contadas ni vividas y , para eso, simplemente para eso, yo quiero otra vida.
¿Qué haría? Creo que viajar. Primero en barco, surcaría los mares teniendo un amor en cada puerto como los antiguos piratas y corsarios. Haría del mar una patria. Después tal vez suba el Himalaya o tal vez alguna montaña. Siempre me ha encantado el alpinismo pero ¿ se lo imaginan? Yo de alpinista. Mis padres se mueren, es lo que tiene. También recorrería el Amazonas con alguna expedición, comería bichos y dormiría en una casa en un árbol. Después bajaría hacia Tierra de Fuego en una vieja avioneta del ejército soviético con un hombre de la zona como piloto, ya saben, que cosas ¿qué pinta un avión soviético en Sudamérica? Tal vez eso sea lo bonito. Creo que después viajaría al país de los zares y el comunismo para recorrer en tren todo Siberia. Siempre me ha llamado mucho Rusia la verdad. ¿ Y qué más? Pues no lo sé sinceramente, ¿ me enamoraría? Creo que sí. De muchas mujeres, pero cada una diferente, cada una a mí manera, cada una de una forma especial. Pero el amor de mi vida sería esa vida de más que le pedí al genio de la lámpara, a los Reyes Magos y al mago Merlín que, habitualmente leen este blog.

No hay comentarios:

Publicar un comentario