Son ya muchas las noches que he
soñado contigo. Muchas las tardes que imaginé que pasaba contigo. Las cenas,
los paseos, las copas. Los atardeceres en la playa que no viviré ya.
El tiempo pasa y con ella las
oportunidades, pero también, las penas. Las penas que hoy me atormentan, que me
despiertan por la noche. La impotencia de saber lo mucho perdido y lo nada
ganado. La idiotez de querer soñar despierto estando tú durmiendo. La vergüenza
de sentirte fracasado en tu guerra de paz. La desesperación por remar tanto y
morir en la orilla de la felicidad. La confusión por no saber qué hacer ahora.
El vacío por tantas horas llenas de pensamientos ilusos e inútiles que, ahora
ya, no soy capaz de llenar con otra.
Ese vacío al fin he conseguido
llenarlo años después , es más, ahora mismo lo estoy haciendo. Aquí estoy
sentado en el viejo bar de la esquina. El bar al que nunca te llevé. Le pido al
barman el último de mis gin-tonics. Creo que ahora es ya el momento de que me empiece a beber todos los tuyos que,
con el tiempo, he dejado a mi lado en esta fría barra. Sigo soñando despierto.

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