Sentimientos encontrados en el viento. Momentos que reviven instantes mágicos llenos de alegrías, desilusiones, nostalgia. Etapas de una vida recordada con todas las partes que día tras días fueron componiendo el puzzle que hoy forma tu vida. La vida sencilla de un soñador, la vida sencilla de un idealista. Caminos perdidos, caminos hallados en el fondo de un horizonte ficticio. Palabras que componen el diccionario de tus sueños. Palabras complejas, palabras grandilocuentes que sin embargo pronunciaremos a lo largo de nuestra vida. Palabras que nos gustarán por la singularidad de un significado cargado de connotaciones especiales, de pies de páginas decorados con tapices dibujados al aire, de anotaciones hechas al margen de papeles vacíos, de papeles completos. Vasos llenos. Vasos vacíos y a medio llenar. Suelos mojados provocadores de pensamientos, suelos secos que irradian estados de ánimo. Cielos despejados que despejarán incógnitas, cielos oscuros que las crearán. Momentos a solas controlados por las agujas de un reloj. Momentos irrepetibles en los que sientes que puedes atrapar las estrellas con las manos, que puedes hacer algo, que puedes no hacer nada. Paseos allí, paseos allá, paseos a ningún lugar. Compañías rutinarias, compañías especiales, compañías deseadas. Noches de verano, noches como ésta. Trenes de paso, trenes que no esperan, trenes que se van sin avisar y que quizá nunca vuelvan. Una fe, una palmada en la espalda. Una calle veintiséis, una carretera secundaria, una autopista de Manhattan. Una verdad. Un paso adelante, un retroceso premeditado. Silencios que se suceden en el tiempo, silencios que se rompen con un beso, con aviones de papel que vuelan sin rumbo, sin motor, con la fuerza de encontrar un lugar en lo más recóndito del aire, allí donde la vida lo lleve, allá donde decida quedarse.

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