Sucede que a veces estoy perdido en un mar de sensaciones en el que me apetece perderme, donde no quiero encontrarme, de donde no quiero salir. Un reducto de locura pasajera en el último vagón, al final del pasillo, donde las miradas se cruzan sin saber por qué, sin mirar a ningún lugar fuera del dictado de nuestros ojos. Frases incompletas, horas que pasan, tímidas sonrisas que se alargan en el tiempo. Tímidas sonrisas que me hablan de ti.

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